Que no escribo porque no se me ocurre nada interesante o se me ocurren tantas cosas que no plasmo en el momento, que luego se quedan en el tintero para siempre.
La crisis, la maldita crisis, parece ser la protagonista de todas las conversaciones. ¡Con lo agradable que es hablar del tiempo, de fútbol, de lo bien que lo hemos pasado durante las vacaciones..., y siempre acabamos diciendo "es que está todo muy mal"
Sondeo un poco en los blogs y detecto desgana generalizada, como si fuera la epidemia de esa gripe de cepa australiana que tarde o temprano nos poseerá, alcanzándonos con algún estornudo de cualquier compañero forzoso de viaje, o en ese apretón de manos cordial del antiguo conocido que encontramos el otro día.
De los medios de comunicación no quiero ni acordarme. Da miedo ir al kiosco a comprar un teleprograma porque, quieras o no, te enteras de las noticias del día por las portadas de los periódicos que se exíben impúdicas en los anaqueles. Si compras uno es peor, porque dentro hay tanto drama y tanta noticia dolorosa, que a nada que te quede un poco de sensibilidad acabas con el corazón roto. Además, ¿para que ir a comprar un teleprograma si ya se sabe de antemano lo que van a dar en la tele?.
Puede que la radio me consuele. Enciendo el receptor y ¡Zas! El Papa declarando en el Sínodo de los Obispos que hay crisis de fe. ¡Otra vez a vueltas con la crisis!
Reviso el correo electrónico y me dan ganas de proferir insultos: Perrigatosenapuros, una asociación para la defensa de los animales, me envía un SOS porque alguien ha arrojado al contenedor de residuos orgánicos, (si, ese que va directamente a la trituradora del camión), a tres gatitos que han sido encontrados y rescatados de una muerte cruel. No me aguanto las ganas e insulto en voz alta a ese desconocido aquejado de crisis de humanidad. Me dicen que dos han sido adoptados y me envían la foto de LILI, una gatita que busca familia y nadie quiere.
Claro que, ¿qué podemos esperar? Si somos capaces de meternos entre pecho y espalda un filete con patatas mientras vemos impávidos como sacan de su casa con los pies por delante a otra mujer asesinada, o los rostros de más de doscientas personas asustadas, desesperadas, temblorosas..., con un paisaje de fondo donde se ve una patera o cayuco, o como quiera que lo llamen en el telediario de turno.
Salgo a la calle a respirar un poco de aire, aunque sea contaminado, y me encuentro con una amiga a la que hace tiempo no veía. Me cuenta como le va y me asombra que se pueda sobrevivir con tantos problemas: Sus hijas se han hecho mayores y se empieza a encontrar sola; se le ha ido la asistenta y está agotada porque su chalet es demasiado grande para limpiarlo; le duele todo una barbaridad y se pasa el día tirada en el sofá porque no le quedan ánimos para salir a la calle, lo que le está haciendo ganar peso por momentos..., y para colmo de males tiene una plaga de topillos en el jardín que le están arruinando las plantas.
Le digo que no se preocupe y la invito a mirar el mundo más allá de la verja de su jardín. Que se consuele viendo el telediario y que adopte a LILI, que seguro que acaba con la soledad y de paso con la plaga de topillos en un santiamén. La invito a entrar en mi blog para que vea su foto y le doy mi palabra de que no se arrepentirá.
Me regaña porque hace mucho que no escribo nada y le digo que en cuanto llegue a casa voy a escribir todo lo que hemos hablado. Me responde: ¡No serás capaz!
Con tal de arrancarte una sonrisa como la de LILI, lo que haga falta, querida.
martes, 7 de octubre de 2008
LA SONRISA DE LILI
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