Todos hemos imaginado el Cielo alguna vez. Con la frase "es como estar en el cielo" describimos un estado de bienestar que varía según el gusto de cada cual, pero que siempre se refiere a una situación o lugar maravilloso.
Hace poco escuché un cuento de Coellho que hablaba del cielo. Era algo así:
"En medio de una tormenta, un hombre iba por un camino con su perro y su caballo cuando un rayo los alcanzó y los mató. Sin percatarse de lo sucedido los tres siguieron caminando durante horas, hasta que se sintieron cansados y sedientos.
De pronto encontraron una mansión, en cuya puerta vieron sentado a un muchacho de aspecto agradable. El hombre se acercó a él y le dijo:
-¿Qué lugar es este?
-El Cielo -respondió el muchacho
-Estamos cansados y sedientos. ¿Podrías darnos agua y dejarnos descansar a la sombra?
El muchacho respondió:
-Todo está a tu disposición. Dentro hay una fresca arboleda y una fuente de aguas cristalinas. Pasa y bebe cuanto quieras, pero los animales no pueden entrar.
-Pero ellos están cansados y sedientos. Morirán si los abandono.
-¿Qué más te da? -dijo el muchacho- No son más que un perro y un caballo.
El hombre pensó un momento y le contestó:
Gracias pero no me quedo. Mis compañeros también necesitan beber y descansar, así que seguiremos el camino.
Continuaron la marcha y cuando estaban a punto de desfallecer encontraron una choza. Un anciano con aspecto de mendigo estaba sentado junto a la puerta. Se dirigieron a él y el hombre le preguntó:
-¿Podrías darnos un poco de agua y dejarnos descansar aquí?
El anciano les invitó a pasar diciendo:
-Entrad. Dentro tengo una mesa dispuesta para que sacies tu hambre y tu sed y un jardín hermoso donde tu caballo puede pastar y tu perro corretear cuanto quiera.
El hombre, agradecido, le preguntó de nuevo:
-¿Qué lugar es este?
-El Cielo.
El hombre, sorprendido, dijo:
-No puede ser. Ya hemos visto el Cielo y era una gran mansión.
-No, -respondió el anciano- Eso era el Infierno. Allí sólo pueden entrar los hombres que no saben apreciar a sus amigos y los abandonan cuando más les necesitan. Tu has preferido morir de hambre y sed antes de abandonar a tu perro y a tu caballo, así que pasad y quedaos todo el tiempo que queráis."
Si hay un cielo así, también tendrá que tener bordillos en los jardines. A Epi no le gustaba pisar la hierba porque se le enredaba en las patitas. También habrá cestitos por todas partes para que duerma en ellos cuando le apetezca.
2 comentarios:
Me ha encantado tu escrito, es precioso.
Una pregunta, ¿Quien era Epi?, Yo solamente me acuerdo del personaje infantil para niños.
Gracias, y sigue escribiendo por favor.
Epi era una perrita mestiza, pequeña, peluda y blanca por dentro. Por fuera casi siempre parda de revolcarse en todo aquello que pudiera ensuciarla, sobre todo cuando estaba recién bañada.
Bastante excéntrica y con mucho carácter, le gustaba husmear en la basura y comerse cualquier cosa que encontraba por el suelo, lo que me proporcionó más de un disgusto. Sin embargo tenía mucho cuidado de no pisar la tierra ni la hierba, como si le preocupara mancharse las patas. Me acompañó durante trece años.
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