Así, con esa exigencia. Como si La Razón fuera algo tangible, que se pudiera encontrar y comprender; como si hubiera alguien que pudiera responder a la pregunta
¿Qué es La Razón?
Si en realidad buscaras "una" razón podrías encaminar tus pasos en alguna dirección concreta y probar suerte. Pero no. Tú quieres encontrar La Razón, que es, como si dijéramos, la Madre de todas las razones; y por eso no la encuentras.
No es fácil que halles "esa" razón así como así porque seguramente no es única. A lo mejor no existe como tal, sino que es el compendio de muchas y variadas razones que llevan a una. ¿Complicado, no?Lo es. Tanto, que mejor no entrar en jardines laberínticos de los que nadie sale indemne. Sin embargo, todo pasa por alguna razón.
Ahora la razón se ha convertido en causa y ya se puede matizar un poco más la pregunta: ¿Por qué razón?
Por ejemplo: Alguien va circulando por una carretera sin arcén cuando su vehículo sufre una avería y se para. Con la inercia de la marcha consigue avanzar unos metros y se queda estacionado en la salida de una curva. Sabe que está en un lugar peligroso donde nadie verá su coche averiado hasta que no esté encima, así que decide señalizar cuanto antes su posición.
Se coloca el chaleco reflectante y mira por el retrovisor. No ve a nadie y abre la puerta para bajar y colocar los triángulos de aviso. En ese momento otro conductor toma la curva y embiste la puerta del coche. Su velocidad era la permitida por la ley y gracias a eso no hay desgracias personales. Afortunadamente el primer conductor todavía no había salido y no sufre mayor daño que un formidable susto. El segundo conductor tampoco está herido, pero los vehículos tienen destrozos importantes.
Una vez pasados los primeros momentos de caos comienzan a discutir sobre quien es culpable del accidente, y cada uno de los conductores esgrime razones poderosas que le asisten:
El primero cree que el segundo ha causado el accidente por no haber reducido la marcha cuando ha visto un coche parado en la carretera. El segundo acusa al primero de estacionar su vehículo en un lugar sin visibilidad.
Mientras discuten, alguien que circula en sentido contrario ve el accidente y avisa a la policía. Cuando llegan los agentes se encuentran a los dos conductores discutiendo acaloradamente sobre quién tiene la razón y quién la culpa. Están a punto de llegar a las manos, y mientras discuten no se han dado cuenta de que un tercer vehículo puede aparecer y embestirlos a ambos.
Por encontrar una razón no ven la causa. Ambos están seguros de que son inocentes, de que la culpa es del otro; pero ninguno de los dos ha pensado en las circunstancias que han motivado el accidente.
En ese momento, el primer conductor no recuerda que hace tiempo notó que su coche daba sospechosos tirones cada vez que intentaba cambiar de marcha. Entonces pensó que algo no iba bien, pero supuso que se trataba de alguna impureza en el carburador que se eliminaría por sí sola. ¿Es culpa suya que el coche se haya parado justo en ese momento?
El segundo cree que con no haber sobrepasado los límites de velocidad era suficiente. No calculó el riesgo de que, al circular por una carretera sin arcén y llena de curvas, podría encontrarse con un obstáculo imprevisto en el camino. ¿Cómo iba a pensar que alguien pararía justo en la salida de una curva?
En realidad no ha pasado nada irreparable. Sólo golpes de chapa, que una vez arreglados no dejarán secuelas en las personas. Como mucho algún chirrido en los vehículos que ni siguiera se escuchará una vez que los pongan en marcha. Si ambos conductores se escuchan mutuamente se darán cuenta de que han habido causas imprevistas por las dos partes, que aparentemente, si no escarban demasiado en su interior, ambos son inocentes, víctimas de las circunstancias. Luego, cuando hagan examen de conciencia, los dos comprenderán, aunque nunca lo reconozcan en público, que de haber puesto más atención en "ciertos" detalles sin importancia, el accidente podría haberse evitado. En cualquier caso, si obran con un mínimo de cordura, no será más que una anécdota en su vida.
Si por el contrario se empecinan en litigar, acabarán delante de un juez que tendrá que dictar sentencia. Y ya se sabe... Maldición: "Pleitos tengas y los ganes".
No quisiera ser yo el juez encargado de este pleito. El sentido común me obligaría a atenerme a la Ley estrictamente, aunque la sentencia no fuera justa para alguno de los litigantes.
En cualquier caso, aún no habiendo culpables ni inocentes, ambos tendrían que pagar las costas del juicio, y todo por empeñarse en encontrar una razón.
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2 comentarios:
El sentido de mi escrito quiere decir que si perdemos nuestro tiempo en buscar La Razón no lo empleamos en encontrar los motivos. La Razón es única e inamovible, pero los motivos son mudables y por lo tanto reparables.
Como en el ejemplo que he puesto, si salimos indemnes de un accidente lo mejor que podemos hacer es prestar más atención la próxima vez que nuestro coche de tirones, en lugar de esperar a que las impurezas del carburador se eliminen por sí solas y tomar las curvas con cuidado, considerando que en cualquier momento nos puede sorprender un obstáculo inesperado.
Una buena razón para seguir adelante podría ser llegar con éxito a nuestro destino, que volviendo al juego semántico, es la gran razón de nuestro viaje.
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