Entre la multitud de correos que a diario recibo de mis contactos hay de todo. Además de los mensajes personales me llegan fotografías preciosas, comunicados, chistes, vídeos... Cosas que probablemente todos recibimos y enviamos.
A principios de enero un amigo me envía un vídeo con la recomendación de que no deje de verlo. Se trata de una intervención que hizo en septiembre de 2007 el Juez de Menores de Granada, D. Emilio Calatayud en una apertura de consejo escolar, en la que habla de la problemática actual que existe en la educación y formación de los niños y adolescentes vista desde el plano legal.
Verdaderamente demoledor. Habla sin tapujos llamando a las cosas por su nombre, con un lenguaje de andar por casa tan fácil de entender, que escuchándole una tiene la sensación de estar en su cuarto de estar charlando con un amigo.
Dice cosas tan evidentes y va tocando uno a uno los puntos débiles de la actual legislación relativa a los menores que me impactó tanta claridad de ideas y copié la dirección del blog para seguir la evolución de los comentarios, que para entonces eran ya muy numerosos, reenvié el correo a mis amigos que tienen hijos en edad de merecer, y desde entonces abro a menudo esa página para ver qué opinan los demás intervinientes.
A pesar del gracejo de su lenguaje da miedo la exposición que hace este hombre de la sociedad que se nos viene encima; y es inevitable hacer examen de conciencia de la parte de responsabilidad que tenemos todos en la mala educación de los ciudadanos de mañana. Sin apenas darnos cuenta vamos relajándonos en las obligaciones de una generación para con la siguiente, adoptando una postura de víctimas de las circunstancias de la época.
Las personas de mi generación recordarán una asignatura llamada “Urbanidad”, que era el equivalente de la época a “Educación para
Era esta una asignatura en la que se inculcaban los valores de la época, es decir, diferencias de género, inexistencia de opciones político-religiosas y el clasismo social que entonces se practicaban, amén de ausencia total de educación sexual; el resto del temario consistía en ducación cívica (salvando las distancias) favorable al orden.
Por ejemplo: Si un adulto, aunque fuera desconocido, te llamaba la atención por alguna incorrección, nunca se le contestaba “tú te callas, viejo”, y si uno de los progenitores te castigaba o te daba un más que merecido cachete, a nadie se le ocurría responder con un “te vas a enterar” o “si me pones la mano encima te denuncio”. También eran normas de obligado cumplimiento llamar antes de entrar, cerrar las puertas sin portazos y saludar con buenos días/tardes/noches, ceder el asiento a los ancianos, señoras embarazadas y personas cargadas con bultos (o sea a casi todo el mundo). La "buena educación" no se cuestionaba.
Claro que, para los adultos de entonces era más fácil. Pocos padres tenían la posibilidad de malcriarnos porque no había con qué, así que no tuvieron que luchar contra la “Play Station” ni con la ropa de marca. No tuvieron que sufrir que dejáramos camisetas, zapatos, calcetines, etc., tirados en cualquier sitio porque lo habitual entonces era tener ropa de quita y pon. Tampoco tuvieron que apuntarnos a ballet, informática, natación, judo, etc., porque no había tal cosa ni dinero para pagarlo, y aunque hubieran habido tales actividades extraescolares no habríamos tenido tiempo de realizarlas, ocupados como estábamos en hincar los codos con la tabla del siete, el Teorema de Pitágoras, la odiosa lista de los Reyes Godos y jugar, actividad imprescindible cuando el entretenimiento mediático consistía en escuchar pegados al aparato de radio “Los Cuentos” en programación infantil o “Ruede
Con el tiempo llegó la televisión y otro motivo de represión paterna, porque las películas que más nos gustaban tenían rombos, un invento de la exagerada censura preconstitucional para evitar que los menores viéramos escenas de sexo (por supuesto besos en la boca nada más), y violencia; así que, si no habías hecho ninguna trastada durante el día te dejaban ver las corridas de toros de “El Cordobés” (padre) y el “Estudio
Tampoco tuvieron problemas porque nos metiéramos en líos con “nuestro” dinero, porque la paga no daba más que para golosinas, como mucho para ir al cine si la película era autorizada para todos los públicos, así que nada de trapicheos con drogas, sin contar con que había un estricto horario de llegada a casa que no se podía alterar bajo pena de arresto domiciliario durante un tiempo proporcional a la tardanza.
Como por entonces el tema educacional no avanzaba, nuestros padres debieron sufrir también el estudio de la dichosa materia, y por lo general no discutían delante de nosotros disimulando con la más escandalosa hipocresía sus diferencias y broncas, que tenerlas las tendrían; pero ese era asunto a dirimir de puertas de la alcoba de matrimonio para adentro; así que mi generación vivió una infancia llena de mentiras piadosas creyendo que nuestras familias eran estables. Aunque me consta que nuestros padres tomaban medidas drásticas frente a profesores cuyo comportamiento fuera abusivo, tampoco recuerdo haber presenciado nunca una discusión de un padre con un profesor, que esos si que eran de otra galaxia, subidos en su tarima y mirándonos por encima de nuestras cabezas; ni que fuera costumbre de la época cruzar las calles con el semáforo en rojo, a la carrera, tirando de nosotros; ni arrojar la basura al contenedor desde varios metros de distancia, cayera dentro o fuera. A lo más, tirar las colillas en la calle, que esa si que es una costumbre ancestral, pero la verdad es que entonces no había papeleras por cualquier sitio, como ahora.
Una vez hechas estas comparaciones, volviendo al tema principal, que es
Por más que se intente mirar para otro lado coexisten desde tiempo inmemorial la homosexualidad, las religiones, las razas. También existe la guerra, el aborto, la prostitución y la drogodependencia ¿Es bueno que nuestros jóvenes se eduquen sin abordar esas cuestiones? No lo sé; pero sospecho que el desconocimiento y la ignorancia no son buenos caminos para la convivencia, y no parece probable que el resto del temario, dedicado principalmente a normas elementales de comportamiento cívico, sea motivo para objetar esta materia.
No podemos volver a la antigua asignatura de Urbanidad, pero tanto padre desconcertado porque no sabe qué hacer con sus hijos violentos, tanto profesor que tiene que lidiar una batalla en el aula en lugar de impartir la enseñanza, tanta violencia infantil y juvenil en los centros escolares y en la calle exige una reflexión: ¿No nos estaremos relajando en lo esencial? ¿No estaremos dando a la juventud una idea equivocada de la vida, consintiendo y transigiendo con su conducta?
Demasiadas preguntas, y muchas más que me haría si la respuesta no estuviera escrita hace tiempo:
“Cuando los padres se acostumbran a dejar que los niños hagan todo lo que quieran…
Cuando los hijos ya no tienen en cuenta más las palabras de ellos…
Cuando los maestros tiemblan delante de los alumnos y prefieren adularlos…
Cuando, en fin, los jóvenes desprecian las leyes porque no reconocen sobre sí autoridad alguna de nada y de nadie…
Entonces esta ahí, en toda su belleza y fuerza el inicio de la tiranía."
La Republica - Libro VII -
martes, 15 de enero de 2008
EDUCACIÓN PARA LA CIUDADANÍA Y LOS DERECHOS HUMANOS
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario