viernes, 4 de julio de 2008

LA PERRA VIDA (El hombre)

Me temo que no era un sueño.
Se ha acercado un hombre y ha golpeado la puerta invisible con su pata. Me he asustado y he huido, pero como el cubil es tan pequeño no puedo esconderme. Después me han levantado en el aire y de pronto me he encontrado frente a la cara del hombre de la pata que golpea, que me ha acariciado. No sé si hago lo correcto, porque le he lamido y ha puesto cara de asco, pero huelo que le ha gustado. Parece que no es tan difícil oler lo que dicen.
Me han encerrado en una jaula y vuelvo a sentir que me muevo mientras que mis patas están quietas. Cuando el hombre de la pata que golpea me ha sacado, se ha enfadado porque he vaciado mi barriga sobre él y me ha entregado a otro hombre que me ha sujetado con una pata y me ha picado con la otra, me ha hecho tragar un líquido asqueroso, me ha tocado por todas partes y me ha puesto en el cuello una cosa muy molesta. Aprendo deprisa su lenguaje y creo que se llama collar, pero huele que apesta y he tenido que hacer un gran esfuerzo para que mi olor mitigue algo tan nauseabundo. Luego me ha llevado a su guarida, que es muy grande. Por todas partes huele a él, pero hay otros olores que son desconocidos y eso me asusta.
El hombre me ha dado alimento y me ha puesto en un lugar confortable y mullido. No es la barriga de ella y tampoco están mis hermanos, pero me gusta para cama. Estoy agotada y me voy a dormir.
He tenido un largo sueño en el que he visto a muchos hermanos en manada, y a Tosca, encaramada en lo más alto, que lanzaba un profundo aullido a una gran luz fría. Luego todos galopaban junto a hombres que son diferentes a los que he visto hasta ahora. Han pasado frente a mí tantos y tantos hermanos como yo que me he unido a ellos y hemos recorrido muchos caminos todos juntos, los hombres y nosotros. Hemos subido altas cumbres, nos hemos deslizado por valles profundos y hemos cazado y compartido el alimento y el agua. He visto a los hombres, con sus hembras y sus cachorros, cambiar sus costumbres; pero mis hermanos y yo permanecíamos siempre igual, a su lado, guardando sus guaridas, sus posesiones y sus crías. Los he observado y me he dado cuenta de que el hombre es torpe e inseguro y eso le hace ser cruel, pero aún así mis hermanos y yo hemos seguido a su lado. He descubierto sus sentimientos y descifrado sus emociones aunque no se exprese con sonidos. Sin necesidad de escuchar su voz, sólo con hacer caso a mi instinto, he sabido que puede sentir alegría y tristeza; amor, crueldad y hasta arrepentimiento. Al despertar me he dado cuenta de que lo que he visto en el Gran Sueño es lo mismo que Tosca me transmitía cuando llegaba la oscuridad y me acurrucaba junto a su barriga, y ya no tengo miedo porque sé quienes son mis enemigos y quienes mis aliados; y sobre todo porque ahora sé quien soy yo. ¡Soy el guardián del hombre!
Ahora que tengo un hombre sólo para mí he aprendido muchas cosas y sin darme cuenta estoy creciendo muy deprisa. Ya soy grande y esbelta, con unas patas largas que me permiten correr y saltar. El hombre que cuido está solo, sin hembras ni cachorros. Conozco su sonido de llamada y cuando habla conmigo me llama “Vida”. También habla mucho con un trasto ruidoso al que llama teléfono. Como tiene las orejas tan pequeñas necesita pegarse a ese chisme para escuchar lo que le dice; en cambio yo tengo que alejarme a veces para poder dormir sin que me moleste tanto ruido. Compartimos el alimento, el agua y los juegos, y aunque mis sentimientos son más profundos que los suyos a menudo siento que está orgulloso de mí. Ya no me cuesta trabajo escucharle sin que emita sonidos, pero él no consigue entender lo que quiero decirle y no se da cuenta de que yo presumo siempre de él. Cuando salimos al aire libre me muestro ante mis hermanos muy satisfecha de mi hombre.
Le seguiría a todas partes, y aunque ya me he acostumbrado a que se aleje solo, al principio me quedaba preocupada durante horas en la entrada de la guarida, sin comer ni beber para no perder la concentración, hasta que oía el ruido de sus pasos en la distancia. Luego, cuando regresa y me llama “Vida”, le recibo moviendo el rabo y le expreso mi cariño de todas las maneras que conozco. Le gusta que le de la bienvenida, porque me da alimento y me acaricia con una de sus patas satisfecho.
Se cambia a menudo de piel y ya he comprendido que es una protección que se ponen los hombres, porque apenas tienen pelo que les proteja como a nosotros los guardianes. También he aprendido que no se deja ayudar cuando arrastra comida y otras posesiones, porque cuando intento cogerlas con mi boca para aliviar su carga me lo impide. No sé para que me lleva con él cuando va de caza si no me deja participar y no quiere que le ayude a arrastrar la presa, dejándome amarrada a cualquier sitio. Lo hace con un cuero fino que yo puedo partir de una sola dentellada, pero nunca me muevo del lugar donde me deja porque si lo hiciera él se perdería. No tiene una nariz potente como la mía y estoy segura de que no es capaz de encontrar, ¡qué digo encontrar! Ni siquiera de seguir un rastro.
Ya os contaré como me va.

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