martes, 22 de julio de 2008

LA PERRA VIDA (El miedo)

Ya lo creo que es bueno. Me he despertado la primera y he chupado antes que mis hermanos. Me siento fuerte y con ganas de jugar y morderlo todo. Hoy no pienso aguantar sus empujones. ¡Me están saliendo dientes en la boca!
Hoy, cuando ha llegado el hombre que cuidamos, se ha abierto la entrada de la guarida y ella no se ha ido. Nos ha empujado con suavidad y nos ha dicho que la siguiéramos. ¡Qué emocionante! He asomado la cabeza y he visto todo lo que había fuera de nuestro cubil, pero lo mejor han sido los olores. Me he ganado unas cuantas regañinas de Tosca por alejarme más de la cuenta, pero no podía resistir acercar mi nariz a todas esas novedades. Las hay duras y blandas, ásperas y suaves, y no todo huele bien. Ella nos ha contado muchas cosas de lo que veíamos y olíamos, pero lo que más me gusta es la luz cuando da en el cuerpo. Traspasa mi piel y llega dentro, aunque no te puedes quedar mucho tiempo porque hace demasiado calor; entonces tengo que colocarse junto a algo que esté entre la luz y yo y el calor se pasa. Ya entiendo algunos sonidos del hombre que cuidamos, pero todavía no comprendo las cosas que hace. Cuando hemos vuelto a la guarida nos ha levantado del suelo a mis hermanos y a mi y nos ha acercado a su cara ¡Menudo susto! Es muy extraño y tiene las orejas y la nariz muy pequeñas. No se debe enterar de nada. Lo que no sé es para que querría tocar nuestros dientes. He gemido con todas mis fuerzas y le he mordido, pero cuando me ha devuelto junto a Tosca me ha parecido que estaba enfadada conmigo. Se ha restregado contra él y le ha lamido ¡Qué asco! Luego, cuando me he acurrucado para dormir, me ha dicho que nunca en mi vida muerda al hombre que cuidamos. Debe ser por eso que cuando he querido chupar no me ha dejado y se ha dado la vuelta diciendo: Hoy no, que mañana tienes que empezar a comer el alimento. Con los dientes tan pequeños que tengo no sé como voy a comer eso tan duro que le da el hombre.
Cuando ha vuelto la luz me he despertado con más hambre que nunca. Tosca sigue sin dejarme chupar, aunque no parece tan enfadada como ayer, pero cuando ha llegado el hombre se ha levantado con prisa y ha salido tras él sin hacer caso de nuestros gemidos. Cuando ha regresado al cubil nos ha dicho que a partir de ahora tendremos que oler el alimento antes de chupar y ha sacado de su boca algo que huele muy bien. Yo he chupado todo lo que mis hermanos me han dejado, que no ha sido mucho.
Ha venido otro hombre y nos ha colocado a mis hermanos y a mí alrededor de un plato como el que le ponen a Tosca con el alimento. Como tengo tanta hambre he chupado lo que me ofrecía sin hacer caso de las recomendaciones que ella nos hizo. Ya se que no debo chupar nada sin olerlo bien antes, pero ya casi no tenía fuerzas y necesitaba llenar mi barriga con urgencia. Y conste que esto es muy difícil. No se puede chupar del plato como del botón y me he atragantado más que he tragado. Menos mal que Tosca ha vuelto y me ha dejado chupar de ella.
El hombre que cuidamos ha vuelto a levantarnos a los cuatro y esta vez no le he mordido, pero no he podido contenerme de gemir. Cuando se ha hecho la oscuridad y me he acurrucado junto a ella, me ha dicho que los hombres no saben que no nos gusta que nos separen las patas del suelo, que lo hacen como muestra de cariño. ¡Vaya lata! También me ha dicho que no tenga miedo, que cuide al hombre aunque no entienda lo que hace. Luego me ha enseñado a escucharle por el olor, cuando no emite sonidos, pero eso me parece pedirme demasiado. Está rara y triste. Me cuenta muchas cosas y no sé si podré acordarme de todo.
Ahora no sé que pasa. A mis hermanos y a mí nos han metido en un cubil muy pequeño y se ha hecho la oscuridad enseguida. Siento que me muevo y mis patas están quietas. Tengo mucho miedo, pero no voy a gemir porque ella me ha dicho que al hombre no le gusta. Huele mal y no conozco los sonidos que oigo.
Tengo más miedo que nunca. Nos han cambiado de cubil y este tiene una entrada invisible que deja ver al otro lado pero que no podemos traspasar. Hay muchos hombres pero ninguno es el hombre que cuidamos. No me explico como, pero han desaparecido mis hermanos uno por uno y ahora estoy sola. No puedo aguantar más y he gemido para que venga Tosca, pero ni la huelo ni la oigo y se ha acabado la luz sin que pueda reconocer olores ni sonidos. ¿Qué estará pasando?
Menos mal que ha vuelto la luz, pero me acabo de dar cuenta de que no es como la otra y esta no calienta mi cuerpo. Mi barriga se ha vaciado varias veces y estaba mojada y temblando de frío hasta que ha venido un hombre a remover el cubil y vuelvo a estar seca. Ahora hay muchos hombres que me miran y me acerco a la entrada invisible para buscar al hombre que cuido, pero no le encuentro. Ni Tosca ni mis hermanos están cerca y los extraño.
Me he acurrucado en el rincón más alejado y voy a dormir un poco. Cuando despierte seguro que todo ha sido un mal sueño.

No hay comentarios: