domingo, 27 de julio de 2008

LA PERRA VIDA (Esto no está nada mal)

Esto no está nada mal. Después del mal rato de salir por ese agujero estrecho ahora me encuentro a gusto aquí, calentita, acurrucada, junto a su barriga. Casi nunca me deja sola, pero si se va me da miedo. La oigo a duras penas, pero sé que está cerca porque puedo olerla. Eso sí que se me da bien. Aunque se aleje un poco sé donde está por su olor. Luego, cuando vuelve, me acaricia con su boca y, aunque bajito, escucho ese susurro que me tranquiliza, y siento el calor de su cuerpo que se acuesta a mi lado y me acerca a un botón. Yo lo meto dentro de mi boquita y chupo, y trago. Está caliente como ella. Tengo sueño.
Ya no me acuerdo de cuantas veces he chupado y tragado, pero deben ser muchas porque ahora tengo más fuerza y cada vez oigo mejor. Me está pasando algo en la cara y ella no hace más que lamerme y acariciarme. ¡Ah! Y he descubierto otra cosa. No estamos solas; hay más como yo.
Ahora sé lo que me pasaba en la cara. Al principio me he asustado mucho y no he querido asomar la cabeza, pero ella me ha tranquilizado con sus caricias y poco a poco me he acostumbrado a la luz. ¡Tengo dos agujeros que me han salido entre la nariz y las orejas! Por ellos entra claridad y veo sombras que se mueven. No estoy segura de qué se trata, pero hay tres pequeñas y una grande. Como todos olemos igual supongo que la grande es ella y las otras son mis hermanos que, por cierto, son bastante brutos. Con todos los botones que hay y ellos siempre quieren el mío. Algunas veces no me dejan chupar y tengo que esperar a que se harten para hacerlo, así que cuando llego al alimento estoy tan cansada que apenas doy unos tragos y me duermo.
Ahora lo puedo ver todo, y oigo cualquier sonido aunque sea lejano. Ella es maravillosa, grande y esbelta, con una cara tan dulce como sus caricias. Mis hermanos son igual que yo aunque algo más fuertes. Debe ser porque chupan más, pero a mi no me importa ser tan poca cosa. Ella me acaricia más que a los otros.
También sé donde vivimos. Desde nuestra guarida no puedo ver nada pero lo oigo todo. Hay un sonido que escucho con frecuencia. Empieza con unos golpes en el suelo y luego se para en la entrada que nunca encuentro. Cuando aparece oigo una voz que no conozco ni entiendo, que suena “Tosca”, y veo dos cosas largas que me asustan porque ella se va y nos deja solos. Luego, cuando vuelve, está contenta.
Cuando se va la luz y sólo podemos olernos me acurruca junto a sí y me cuenta cosas. Por eso sé que lo que me asusta son las patas del hombre que cuidamos, que “Tosca” es la llamada que él hace para que ella acuda, y que “cuidar” es lo que nosotros hacemos con el hombre y él, a cambio, nos proporciona el alimento; algo que ella devora pero que mis hermanos y yo no podemos comer porque no tenemos dientes. Hoy me ha dicho que cuando vuelva la luz me encontraré con una sorpresa. Casi no he podido dormir pensando en qué será “una sorpresa”, pero viniendo de ella seguro que es algo bueno.
Seguiré contándolo otro día

martes, 22 de julio de 2008

LA PERRA VIDA (El miedo)

Ya lo creo que es bueno. Me he despertado la primera y he chupado antes que mis hermanos. Me siento fuerte y con ganas de jugar y morderlo todo. Hoy no pienso aguantar sus empujones. ¡Me están saliendo dientes en la boca!
Hoy, cuando ha llegado el hombre que cuidamos, se ha abierto la entrada de la guarida y ella no se ha ido. Nos ha empujado con suavidad y nos ha dicho que la siguiéramos. ¡Qué emocionante! He asomado la cabeza y he visto todo lo que había fuera de nuestro cubil, pero lo mejor han sido los olores. Me he ganado unas cuantas regañinas de Tosca por alejarme más de la cuenta, pero no podía resistir acercar mi nariz a todas esas novedades. Las hay duras y blandas, ásperas y suaves, y no todo huele bien. Ella nos ha contado muchas cosas de lo que veíamos y olíamos, pero lo que más me gusta es la luz cuando da en el cuerpo. Traspasa mi piel y llega dentro, aunque no te puedes quedar mucho tiempo porque hace demasiado calor; entonces tengo que colocarse junto a algo que esté entre la luz y yo y el calor se pasa. Ya entiendo algunos sonidos del hombre que cuidamos, pero todavía no comprendo las cosas que hace. Cuando hemos vuelto a la guarida nos ha levantado del suelo a mis hermanos y a mi y nos ha acercado a su cara ¡Menudo susto! Es muy extraño y tiene las orejas y la nariz muy pequeñas. No se debe enterar de nada. Lo que no sé es para que querría tocar nuestros dientes. He gemido con todas mis fuerzas y le he mordido, pero cuando me ha devuelto junto a Tosca me ha parecido que estaba enfadada conmigo. Se ha restregado contra él y le ha lamido ¡Qué asco! Luego, cuando me he acurrucado para dormir, me ha dicho que nunca en mi vida muerda al hombre que cuidamos. Debe ser por eso que cuando he querido chupar no me ha dejado y se ha dado la vuelta diciendo: Hoy no, que mañana tienes que empezar a comer el alimento. Con los dientes tan pequeños que tengo no sé como voy a comer eso tan duro que le da el hombre.
Cuando ha vuelto la luz me he despertado con más hambre que nunca. Tosca sigue sin dejarme chupar, aunque no parece tan enfadada como ayer, pero cuando ha llegado el hombre se ha levantado con prisa y ha salido tras él sin hacer caso de nuestros gemidos. Cuando ha regresado al cubil nos ha dicho que a partir de ahora tendremos que oler el alimento antes de chupar y ha sacado de su boca algo que huele muy bien. Yo he chupado todo lo que mis hermanos me han dejado, que no ha sido mucho.
Ha venido otro hombre y nos ha colocado a mis hermanos y a mí alrededor de un plato como el que le ponen a Tosca con el alimento. Como tengo tanta hambre he chupado lo que me ofrecía sin hacer caso de las recomendaciones que ella nos hizo. Ya se que no debo chupar nada sin olerlo bien antes, pero ya casi no tenía fuerzas y necesitaba llenar mi barriga con urgencia. Y conste que esto es muy difícil. No se puede chupar del plato como del botón y me he atragantado más que he tragado. Menos mal que Tosca ha vuelto y me ha dejado chupar de ella.
El hombre que cuidamos ha vuelto a levantarnos a los cuatro y esta vez no le he mordido, pero no he podido contenerme de gemir. Cuando se ha hecho la oscuridad y me he acurrucado junto a ella, me ha dicho que los hombres no saben que no nos gusta que nos separen las patas del suelo, que lo hacen como muestra de cariño. ¡Vaya lata! También me ha dicho que no tenga miedo, que cuide al hombre aunque no entienda lo que hace. Luego me ha enseñado a escucharle por el olor, cuando no emite sonidos, pero eso me parece pedirme demasiado. Está rara y triste. Me cuenta muchas cosas y no sé si podré acordarme de todo.
Ahora no sé que pasa. A mis hermanos y a mí nos han metido en un cubil muy pequeño y se ha hecho la oscuridad enseguida. Siento que me muevo y mis patas están quietas. Tengo mucho miedo, pero no voy a gemir porque ella me ha dicho que al hombre no le gusta. Huele mal y no conozco los sonidos que oigo.
Tengo más miedo que nunca. Nos han cambiado de cubil y este tiene una entrada invisible que deja ver al otro lado pero que no podemos traspasar. Hay muchos hombres pero ninguno es el hombre que cuidamos. No me explico como, pero han desaparecido mis hermanos uno por uno y ahora estoy sola. No puedo aguantar más y he gemido para que venga Tosca, pero ni la huelo ni la oigo y se ha acabado la luz sin que pueda reconocer olores ni sonidos. ¿Qué estará pasando?
Menos mal que ha vuelto la luz, pero me acabo de dar cuenta de que no es como la otra y esta no calienta mi cuerpo. Mi barriga se ha vaciado varias veces y estaba mojada y temblando de frío hasta que ha venido un hombre a remover el cubil y vuelvo a estar seca. Ahora hay muchos hombres que me miran y me acerco a la entrada invisible para buscar al hombre que cuido, pero no le encuentro. Ni Tosca ni mis hermanos están cerca y los extraño.
Me he acurrucado en el rincón más alejado y voy a dormir un poco. Cuando despierte seguro que todo ha sido un mal sueño.

viernes, 4 de julio de 2008

LA PERRA VIDA (El hombre)

Me temo que no era un sueño.
Se ha acercado un hombre y ha golpeado la puerta invisible con su pata. Me he asustado y he huido, pero como el cubil es tan pequeño no puedo esconderme. Después me han levantado en el aire y de pronto me he encontrado frente a la cara del hombre de la pata que golpea, que me ha acariciado. No sé si hago lo correcto, porque le he lamido y ha puesto cara de asco, pero huelo que le ha gustado. Parece que no es tan difícil oler lo que dicen.
Me han encerrado en una jaula y vuelvo a sentir que me muevo mientras que mis patas están quietas. Cuando el hombre de la pata que golpea me ha sacado, se ha enfadado porque he vaciado mi barriga sobre él y me ha entregado a otro hombre que me ha sujetado con una pata y me ha picado con la otra, me ha hecho tragar un líquido asqueroso, me ha tocado por todas partes y me ha puesto en el cuello una cosa muy molesta. Aprendo deprisa su lenguaje y creo que se llama collar, pero huele que apesta y he tenido que hacer un gran esfuerzo para que mi olor mitigue algo tan nauseabundo. Luego me ha llevado a su guarida, que es muy grande. Por todas partes huele a él, pero hay otros olores que son desconocidos y eso me asusta.
El hombre me ha dado alimento y me ha puesto en un lugar confortable y mullido. No es la barriga de ella y tampoco están mis hermanos, pero me gusta para cama. Estoy agotada y me voy a dormir.
He tenido un largo sueño en el que he visto a muchos hermanos en manada, y a Tosca, encaramada en lo más alto, que lanzaba un profundo aullido a una gran luz fría. Luego todos galopaban junto a hombres que son diferentes a los que he visto hasta ahora. Han pasado frente a mí tantos y tantos hermanos como yo que me he unido a ellos y hemos recorrido muchos caminos todos juntos, los hombres y nosotros. Hemos subido altas cumbres, nos hemos deslizado por valles profundos y hemos cazado y compartido el alimento y el agua. He visto a los hombres, con sus hembras y sus cachorros, cambiar sus costumbres; pero mis hermanos y yo permanecíamos siempre igual, a su lado, guardando sus guaridas, sus posesiones y sus crías. Los he observado y me he dado cuenta de que el hombre es torpe e inseguro y eso le hace ser cruel, pero aún así mis hermanos y yo hemos seguido a su lado. He descubierto sus sentimientos y descifrado sus emociones aunque no se exprese con sonidos. Sin necesidad de escuchar su voz, sólo con hacer caso a mi instinto, he sabido que puede sentir alegría y tristeza; amor, crueldad y hasta arrepentimiento. Al despertar me he dado cuenta de que lo que he visto en el Gran Sueño es lo mismo que Tosca me transmitía cuando llegaba la oscuridad y me acurrucaba junto a su barriga, y ya no tengo miedo porque sé quienes son mis enemigos y quienes mis aliados; y sobre todo porque ahora sé quien soy yo. ¡Soy el guardián del hombre!
Ahora que tengo un hombre sólo para mí he aprendido muchas cosas y sin darme cuenta estoy creciendo muy deprisa. Ya soy grande y esbelta, con unas patas largas que me permiten correr y saltar. El hombre que cuido está solo, sin hembras ni cachorros. Conozco su sonido de llamada y cuando habla conmigo me llama “Vida”. También habla mucho con un trasto ruidoso al que llama teléfono. Como tiene las orejas tan pequeñas necesita pegarse a ese chisme para escuchar lo que le dice; en cambio yo tengo que alejarme a veces para poder dormir sin que me moleste tanto ruido. Compartimos el alimento, el agua y los juegos, y aunque mis sentimientos son más profundos que los suyos a menudo siento que está orgulloso de mí. Ya no me cuesta trabajo escucharle sin que emita sonidos, pero él no consigue entender lo que quiero decirle y no se da cuenta de que yo presumo siempre de él. Cuando salimos al aire libre me muestro ante mis hermanos muy satisfecha de mi hombre.
Le seguiría a todas partes, y aunque ya me he acostumbrado a que se aleje solo, al principio me quedaba preocupada durante horas en la entrada de la guarida, sin comer ni beber para no perder la concentración, hasta que oía el ruido de sus pasos en la distancia. Luego, cuando regresa y me llama “Vida”, le recibo moviendo el rabo y le expreso mi cariño de todas las maneras que conozco. Le gusta que le de la bienvenida, porque me da alimento y me acaricia con una de sus patas satisfecho.
Se cambia a menudo de piel y ya he comprendido que es una protección que se ponen los hombres, porque apenas tienen pelo que les proteja como a nosotros los guardianes. También he aprendido que no se deja ayudar cuando arrastra comida y otras posesiones, porque cuando intento cogerlas con mi boca para aliviar su carga me lo impide. No sé para que me lleva con él cuando va de caza si no me deja participar y no quiere que le ayude a arrastrar la presa, dejándome amarrada a cualquier sitio. Lo hace con un cuero fino que yo puedo partir de una sola dentellada, pero nunca me muevo del lugar donde me deja porque si lo hiciera él se perdería. No tiene una nariz potente como la mía y estoy segura de que no es capaz de encontrar, ¡qué digo encontrar! Ni siquiera de seguir un rastro.
Ya os contaré como me va.