Hace un rato que ha vuelto la luz y estoy de nuevo en el camino de los coches que ahora está muy transitado, lo que me obliga a apartarme del rastro constantemente. No me ha costado trabajo llegar gracias a mi propio olor, que se ha quedado impregnado en los matorrales y las piedras cuando ascendía para encontrar la luz fría. El camino se ha ido empinando hasta ser más alto que el profundo parque y ahora la luz empieza a dar calor. Después de cada galopada necesito adentrarme entre los matorrales para refrescar mi cuerpo y mi lengua cada vez está más seca. Tengo mucha sed, pero el rastro del coche es ahora mas claro y eso me anima a continuar la búsqueda. No comprendo por qué se ha alejado tanto de nuestra guarida ni por qué me ha dejado con los hombres extraños. Sólo sé que tengo que encontrarle.
El rastro del coche sigue fuera del camino duro y se adentra en el parque profundo donde su olor es cada vez más persistente, y me guía por una pendiente donde mis patas resbalan en la tierra que se hunde a mi paso. Estoy cerca, le siento, huelo su miedo como si estuviera en peligro y he ladrado llamándole, pero no hay respuesta. El gran parque es muy espeso y sigue siendo una pendiente resbaladiza por la que tengo que descender sin oportunidades de detenerme a oler o escuchar algo que me lleve hasta mi hombre.
Sé que cada vez estoy más cerca y aunque mis patas están heridas y me duelen de tanto saltar entre las piedras no puedo abandonarle ahora. Cada vez estoy más segura de que corre peligro y mi instinto se agudiza por momentos. El antiguo sueño está en mi cabeza y me guía. El dolor y la sed son cada vez mayores, pero cierro los ojos y veo a mis hermanos guardando al hombre y a sus posesiones. Los veo junto a él escalando montañas y deslizándose por profundas pendientes para rastrear las piezas.
He descubierto su rastro y corro campo a través sorteando piedras y ramas hasta encontrar el coche al fondo de la pendiente. Todo está hecho pedazos, él duerme y no responde a mis gemidos. He entrado como he podido sorteando los cristales rotos y ya estoy a su lado, lamiéndole la cara ensangrentada por la herida que tiene en la cabeza, entre los ojos y el escaso pelo. También tiene una pata rota. Está amarrado y no es precisamente con un fino cuero, porque he tenido que emplearme a fondo para romperlo con mis dientes, pero he conseguido que despierte y abra los ojos, aunque sólo me mira, sin emitir mi sonido de llamada. Está feliz de verme a su lado pero tiene mucho dolor y mucho miedo; tanto que si no fuera por mi condición de guardián me habría contagiado.
Gime cuando intento moverle golpeándole con el hocico y a pesar de la situación todo su esfuerzo lo dedica a intentar coger el teléfono que hay bajo sus patas. Está agotado y herido; y comprendo que nunca llegará a alcanzarlo sin mi ayuda. He mordido el dichoso trasto y lo he dejado sobre él, que se lo acerca a la oreja con la pata que puede mover y habla, y grita… pero del teléfono no sale ningún sonido y ha vuelto a caer bajo sus pies. Cuando se ha dormido otra vez, me he quedado a su lado hecha un ovillo entre los restos de su sangre y los cristales rotos.
Ha pasado un buen rato sin que se mueva y el dolor, la sed y el cansancio se están apoderando de mí. La última vez que se despertó tuve que hacer un gran esfuerzo para incorporarme y lamer el agua salada que salía de sus ojos. Me miró agradecido y antes de volver a cerrarlos dijo: ¡Perra Vida! …
3 comentarios:
...hola!
Gracias por escribirme en mi blog...la verdad es como dices, lo tengo muy abandonado, ultimamene solo hago imagenes, y cuando escribo, me gusta rerevarmelo para mi...
Llegué a tu blog gracias a un gran tipo, un compañero de trabajo...un tal Luismi :)
un beso...gracias por los consejos...
Precioso!!!
He leido la historia de la perra, pero la verdad es que no la puedo leer profundamente pues me entran ganas de llorar. Enhorabuena pues son un conjunto de sentimientos preciosos, y me imagino la cercanía tan grande que tienes a los animales tras leer tus palabras.
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